Hoy tenemos más información sobre ejercicio que nunca. Abres Instagram, YouTube o TikTok y encuentras miles de rutinas. Puedes buscar ejercicios para piernas, brazos, abdomen, glúteos, espalda… Hay aplicaciones, videos y programas para absolutamente todo.
No necesitas más ejercicios. Necesitas saber cuáles son para ti.
Entonces, si tenemos tanta información disponible, ¿por qué muchas veces seguimos sin saber qué hacer? Porque una cosa es tener ejercicios. Y otra muy diferente es tener dirección.
Empezamos una rutina que encontramos en internet. La hacemos unas semanas. Después vemos otra que parece mejor y cambiamos. Luego alguien recomienda un ejercicio nuevo, lo agregamos. Quitamos otro. Cambiamos las repeticiones. Y al final estamos haciendo muchas cosas, pero no sabemos realmente hacia dónde vamos.
Un buen programa de entrenamiento debe tener una razón detrás. ¿Qué estamos tratando de conseguir? ¿Qué ejercicios necesitamos? ¿Cuánto vamos a hacer? ¿Cuándo debemos aumentar el peso? ¿Qué hacemos si un ejercicio no nos funciona?
Ahí es donde tener un coach puede hacer una gran diferencia.
Entrenar acompañada no es solo tener a alguien cerca: es tener dirección.
Alguien está mirando lo que tú no siempre puedes ver
Cuando entrenamos solas, es difícil observar nuestra propia técnica. Podemos sentir que estamos haciendo un ejercicio correctamente y, sin embargo, un pequeño ajuste en la posición de los pies, la espalda o las manos puede cambiar completamente cómo se siente el movimiento.
Entrenar acompañada permite que alguien vea lo que tú no siempre puedes ver.
Un coach observa.
Corrige cuando hace falta, modifica un ejercicio cuando no funciona para ti y te ayuda a encontrar alternativas. Porque no todas tenemos que entrenar exactamente igual. Tenemos cuerpos diferentes, experiencias diferentes y necesidades diferentes.
El programa debe adaptarse a la persona. No la persona al programa.


También necesitamos saber cuándo avanzar
Una de las preguntas que escucho con frecuencia es: «¿Cuándo aumento el peso?». Y es una excelente pregunta.
Porque entrenar fuerza no significa utilizar las mismas mancuernas durante años. Nuestro cuerpo se adapta. Lo que al principio era difícil empieza a sentirse más fácil. Y cuando estamos preparadas, necesitamos darle un nuevo reto.
A veces será aumentando el peso. Otras veces será haciendo alguna repetición más, mejorando la técnica o controlando mejor el movimiento.
Progresar no significa hacer locuras.
Significa saber cuándo es momento de pedirle un poquito más a nuestro cuerpo. Y tener a alguien que lleve ese seguimiento nos quita muchas dudas.
Hay días en los que el plan tiene que cambiar
La vida no siempre coopera con nuestro programa de entrenamiento. Dormimos mal. Viajamos. Tenemos una semana complicada. Nos molesta algo. No tenemos el equipo que normalmente utilizamos.
Y aquí aparece una de las razones por las que para mí el acompañamiento es tan importante. No se trata de decir: «No pudiste hacer la rutina, perdiste el día».
Se trata de preguntar: ¿qué podemos hacer hoy?
Un coach no hace el trabajo por ti
Esto también quiero dejarlo muy claro. Tener un coach no significa que alguien va a conseguir los resultados por nosotras.
Las repeticiones las haces tú. Las mancuernas las levantas tú. La que aparece a entrenar eres tú.
Pero hay una gran diferencia entre hacerlo sola, preguntándote constantemente si lo estás haciendo bien, y saber que alguien está siguiendo tu proceso. Alguien sabe lo que hiciste la semana pasada. Alguien sabe qué peso estás utilizando. Alguien puede decirte cuándo avanzar y cuándo bajar un poco. Alguien te espera.
Y sí, eso último también cuenta.

A veces lo que necesitamos es acompañamiento
Después de tantos años entrenando mujeres, he aprendido algo: no siempre necesitamos que alguien nos empuje. Muchas veces necesitamos que alguien nos acompañe.
Que nos enseñe. Que nos dé estructura. Que nos ayude a adaptarnos cuando algo cambia. Y que nos recuerde que un mal día no borra todo lo que ya hemos hecho.
Para mí, eso es realmente lo que significa tener un coach. No alguien que te grita desde el otro lado del gimnasio. No alguien que intenta destruirte en cada entrenamiento para demostrarte que trabajaste. Sino alguien que conoce tu camino y te ayuda a seguir avanzando.

No tienes que recorrer todo el camino sola
Porque tu entrenamiento sigue siendo tuyo. Tu esfuerzo sigue siendo tuyo. Tus resultados también serán tuyos. Pero no necesariamente tienes que recorrer todo el camino sola. Entrenar acompañada no significa que el mérito deje de ser tuyo.
La fuerza es tuya. La dirección es mía.
Si quieres entrenar acompañada, con un plan hecho para ti y alguien que siga tu proceso, estoy aquí para ayudarte.

